L’Hôtel de glace
March 28th, 2008
Una de las hermosas vistas que me regaló la patagonia
Lluvia… Lluvia… Tristezas
bajan del cielo en lágrimas.
Año de las tragedias silenciosas,
de las imprecaciones ignoradas…
Año maldito por la herida artera
- quizás bendito por la misma causa…
Me envenené de olvido; le di muerte
a la vida pasada;
estrangulé el deseo
por matar el futuro y la esperanza;
quedé solo en el punto
en que pasado y porvernir se apartan,
sin espacio, sin tiempo,
frente a la voluntad aniquilada…
Aquí estoy ante el mundo de los hombres,
con las manos crispadas,
con los ojos clavados en mí mismo
y la eterna pregunta en la garganta:
¿cómo corre el dolor, si ya no hay tiempo?
¿Cómo la herida, sin espacio, sangra?…
Soy la fuga sin huella
de luz que muere o de canción que calla,
y oigo pasar el viento
evaporando lágrimas…
Enrique González Martínez, Bajo el signo mortal (1942)
Par les soirs bleus d’été, j’irai dans les sentiers,
Picoté par les blés, fouler l’herbe menue:
Rêveur, j’en sentirai la fraîcheur à mes pieds.
Je laisserai le vent baigner ma tête nue.
Je ne parlerai pas, je ne penserai rien:
Mais l’amour infini me montera dans l’âme,
Et j’irai loin, bien loin, comme un bohémien,
Par la nature, -hereux comme avec une femme.
Arthur Rimbaud
De las ofrendas en el zócalo, ciudad de México.
El día de hoy 5 de noviembre del 2007, el sitio de Volaris muestra un banner anunciando una promoción de vuelos a Ciudad Juárez.
En dicho banner se muestra del lado izquierdo una foto de unos nopales contra el cielo. Dicha foto es propiedad de Cybergus y fue utilizada sin su consentimiento -quien además para esta foto en particular se reserva todos los derechos.
Aquí la nota en el Moccablog -blog de Cybergus.
Por desgracia ya hemos visto ocurrir situaciones similares con otros fotografos que exponen su arte a través de la web, pero también hemos visto como el poder de difusión que tienen los blogs pueden resolver cosas como esta. Así que por favor reproduce esta información en tu blog hasta que se tenga una respuesta de parte de Volaris.
“Las últimas hojas caen danzando. Se necesita una gran dosis de insensibilidad para no sucumbir al otoño”
Cioran, Ese maldito yo
Donde la soledad acaba, allí comienza el mercado, y donde comienza el mercado comienzan también el ruido de los grandes comediantes y el zumbar de los moscones venenosos.
En el mundo jamás salen a flote las cosas buenas, a menos que alguien las represente: a tales actores el pueblo les llama grandes hombres.
El pueblo comprende poco lo grande, esto es, lo creador. Posee en cambio gran olfato para todos los actores v comediantes que simulan cosas grandes.
El mundo gira en derredor de los inventores de nuevos valores -gira de un manera invisible. Pero el pueblo y la fama giran en derredor de los grandes comediantes. ¡Así marcha el mundo!
¡No levantes el brazo contra ellos! Son innumerables, y tu destino no es de espantamoscas.
Harto te veo de moscas venenosas: lleno te veo de picaduras, y ensangrentado por mil ángulos; y tu orgullo ni se resiente siquiera.
Simulando una máxima inocencia, esas moscas quieren chuparte la sangre: sus almas exangúes codician sangre - y picotean con la mayor inocencia.
Mas tú, profundo, sufres con profundidad, e intensamente: aun cuando tus heridas no sean sino rasguños; y antes de haberte curado, ya se arrastraba por tu mano la misma larva venenosa.
Paréceme, empero, que tienes demasiado orgullo para matar a esas golosas. ¡Cuidado, no vaya a ser tu destino soportar toda su injusticia venenosa!
Zumban a tu alrededor, incluso con su adulación. Impertinencia son sus elogios. Lo que quieren es estar muy cerca de tu piel y de tu sangre.
Cual si fueras un dios o un demonio, te van adulando, mientras lloriquean ante ti. Pero déjalas: no son más que aduladores y lloricones.
Se presentan también, no pocas veces, entre grandes amabilidades. Tal ha sido siempre la astucia de los cobardes. ¡Sí, los cobardes son astutos!
Mucho reflexionan sobre ti, con su alma mezquina -¡Para ellas fuiste siempre preocupante! Todo aquello sobre lo que se reflexiona mucho, se vuelve preocupante.
Te castigan por tus virtudes. Solamente te perdonan de verdad tus errores.
Como eres dulce y tienes conciencia recta, dices: «¿Tienen ellos la culpa de la mezquindad de su existencia?»
Mas ellos piensan en su alma estrecha: «¡Toda existencia grande es culpable!»
En tu presencia se sienten pequeños, y su pequeñez arde y se pone al rojo en contra tuya, con sed de venganza secreta.
¿No has notado cómo enmudecían cuando a ellos te acercabas, y cómo les abandonaba su fuerza. cual el humo de una hoguera que se extingue?
Si, amigo mío, para tus prójimos eres la conciencia malvada, pues no son dignos de ti. Por ello te odian, y desean chuparte la sangre.
Tus prójimos siempre serán moscas venenosas; lo que en ti es grande - eso es justamente lo que acrecienta su veneno, y les hace más moscas.
Amigo mío, huye a tu soledad, allí donde sopla un viento áspero, recio.
Tu destino no es el de espantamoscas.
Así habló Zarathustra.
Esta mínima fuga que se afana
por cambiar tu presencia en lejanía,
me hace sentirte cada vez más mía,
y, cuanto más ausente, más cercana.
Te ocultas a mis ojos; pero sigo
abrevando en el agua de tu fuente…
¿Cómo, si no te miro, estás presente?
¿Cómo, si estás lejana, vas conmigo?
Seguimos lado a lado; no sé dónde
nuestras almas se citan y se juntan.
Cada vez que mis ansias te preguntan,
tu voz inconfundible les responde.
Soledad y presencia… ¡Qué sentido
tan hondo en el silencio de mi estancia!
Ficciones son el tiempo y la distancia,
y fantasmas la ausencia y el olvido…
Enrique González Martínez, Bajo el signo mortal (1942)